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Hasta el año 2000 los científicos sostenían que los objetos más antiguos creados por el ser humano databan de alrededor del 40.000 a.C.
Entre las piezas descubiertas de aquella época se encuentran:
Flautas paleolíticas, (o flautas de Hohle Fels): hallazgos que evidencian que los habitantes de ese período ya utilizaban instrumentos musicales en distintos contextos culturales y sociales.
La figurilla del hombre león, considerada la escultura figurativa zoomorfa más antigua conocida, con cerca de 38.000 años de antigüedad. Está tallada en marfil de mamut y mide 29,6 cm de altura.
Pinturas rupestres, representaciones de puntos rojos, siluetas de manos y figuras de animales. Se cree que pudieron tener significados religiosos, de fertilidad, rituales de caza o, simplemente, responder a una motivación estética.
La Venus de Hohle Fels, pequeña escultura femenina de unos 6 cm de altura, hallada en Alemania y creada hace unos 35.000 años. Es reconocida como una de las primeras expresiones de arte figurativo humano.
Un gran descubrimiento: la Cueva de Bloombos
El hallazgo que transformó nuestra comprensión sobre la historia del arte y la cognición humana fue el de la Cueva de Bloombos, en Sudáfrica.
Las investigaciones dataron sus vestigios en torno al 80.000 a.C., adelantando en miles de años las primeras evidencias de comportamiento simbólico y cognitivo en Homo sapiens.
Este sitio arqueológico es considerado el primer taller de arte de la humanidad y, lo más sorprendente, el lugar donde se encontró la primera joya de la historia.
La primera joya de la humanidad
Se trata de 41 cuentas de conchas Nassarius (de dos especies distintas), teñidas con ocre en su interior y cuidadosamente agrupadas por tamaño y tonalidad. Todas presentan pequeñas perforaciones que permitían ensartarlas con tripas o tendones de animales para formar un collar.
Junto a estas piezas se encontraron otros colgantes elaborados con diminutos crustáceos, fósiles, caracoles, conchas y dientes de animales. Lo interesante es que los materiales provenían de un lugar situado a 20 kilómetros de la cueva, lo que demuestra organización, desplazamiento y una clara intención estética y simbólica.
Otros hallazgos, como recipientes, conchas con pigmentos y utensilios, refuerzan la idea de que la Cueva de Bloombos funcionó como el primer taller artístico de la humanidad.
Incluso se encontraron tablillas con inscripciones abstractas, que podrían considerarse formas tempranas de representación simbólica.